Des-amores cotidianos
Sentía que nuestra
ilusoria despedida sería cuando comenzaran a caer las hojas y cuando las primeras gotas de invierno calarían el
viento. Lo pensaba constantemente cada otoño, cada invierno…se volvió costumbre
que con el paso de un par de estaciones
comencé a olvidar, fue allí cuando ocurrió la despedida, cuando ya no la creía
posible, sucedió inesperadamente.
Debido a que el tiempo ya había pasado y nuestra despedida había sido
pensada y repasada tantas veces en mí, los sentimientos ya no eran los mismos,
tuvieron que caer una y otras vez las hojas cada año para que nuestra despedida
careciera de tormenta. Las hojas crujiendo, el viento silbando y la lluvia
fría, hicieron que la caída ocurriese en una cama de inquietud fría y ansiosa,
llena de desamor, convertidas en amortiguación perfecta, lo suficiente para ser
resistida.