Hasta pronto Matilda
saludar
no podría
fingidamente
sonreír,
fresca y ahogada
tu imagen llevaba
en mi garganta,
aguantar
ni mi respiración
podía
olvidar tu olor
pestilente en la cocina,
te fuiste
agotada
deshidratada
con la boca amarga
abierta se tragaba
tu último adolorido
llanto
bañado en fluidos
coloridos aguados.
Tus carnes aun tibias
antes amables
yacían tercas,
sólo te quedaba
ese brillo
cuando me recibías
desesperada y amable,
entreabiertos ojos
instante congelado,
mortuorio,
la tierra tragando tu aullido
los gusanos anhelando tu cuerpo,
nuestra pena,
esa noche la lluvia
humedeció tu cama eterna
destinada a oscuras
cavando tu ultimo suspiro
para tu viaje de regreso